El resplandor del cristal que Tara sostenía en sus manos se intensificó, proyectando sombras danzantes en las paredes del santuario. La energía que emanaba del artefacto vibraba en su piel, como si tratara de comunicarse con ella. Rhidian, a su lado, observaba con atención.
—Es más que una llave —murmuró Tara, sintiendo cómo la información fluía en su mente.
Kael, con su característico desparpajo, se acercó con los brazos cruzados.
—Déjenme adivinar. ¿Nos dirás que este ojito bonito nos llevará