En un abrir y cerrar de ojos se ha abalanzado contra mí y me ha abofeteado en la mejilla derecha. Con tal fuerza que se me ha torcido el cuello. Ese lado de mi comienza a arder, de forma insoportable.
— ¡Quien te crees que eres! –Grita colérica. – ¡Cómo osas mostrar tal irrespeto a nuestro amado durante el gran concilio! – vuelve a abofetearme, está vez en la mejilla izquierda. Cierro mis manos en puños y aprieto mis ojos para contener las lágrimas. No voy a llorar, no voy a llorar. No le daré