Pasaban los días, éstos se convirtieron en semanas y finalmente transcurrió todo un mes durante el cuál observé a las gemelas practicar su tiro al blanco, soporté las desentonadas y ruidosas canciones al arpa de Burya y retorcí los ojos ante los comentarios sarcásticos de Sarab.
Durante ese tiempo, el Emperador mandaba a llevar a su presencia a las gemelas o a Burya con gran frecuencia, incluso Cítiê nos acompañaba al desayuno con esa expresión de felicidad tonta que le delataba, no me importó.