Umara palideció.
—¿Cassandra?
—Sí. El día antes de que desaparecieras, Cítiê bajó a los calabozos por pedido tuyo y constató que Cassandra estaba realmente enferma. Hizo venir a los médicos imperiales y ellos dieron con la causa de la gran debilidad que ella sufría. Estaba embarazada, de Emir obviamente. Hacía años que yo no la tocaba.
Alessios cruzó sus brazos sobre su pecho, mirándola con fijeza.
—Esa noche no fui a nuestros aposentos porque mi primera intensión al descubrir lo que ocurría fu