Umara:
—Acércate, florecita.
En cuanto Cítiê no estuvo presente su voz se tornó ronca, melosa, grave, sin embargo comprimí mis labios y permanecí justo donde estaba.
Le escuché gruñir y luego soltar una carcajada.
—Eres tan desobediente y problemática, el pueblo hizo bien en creer que eres la reencarnación de nuestra diosa guerrera. Me ha complacido enormemente tu esfuerzo en entrenar con las demás Lunas, me enorgullece ver lo mucho que han aprendido a controlar sus dones.
Guardo silencio.
—Des