Ahí estaba brihana, aquella que al vernos hizo una reverencia, mientras su vestido blanco con detalles dorados que la hacían verse no más que como una diosa que había tocado la tierra la hacía ver aún mucho mejor, en lo que su cabello dorado se mostraba en todo su esplendor y la hacía ver aún más angelical, todo lo contrario a mí, quien tenía un vestido rojo, uno que era cortesía de mi esposo y mi cabello del mismo color predominaba en todo el lugar, sin duda alguna era la muestra magnánima de