XXXV. Bienvenida de nuevo, secretaria Monroe
En estos momentos quisiera quitarme la espalda, dejarla recostada en el asiento de al lado y ponérmela al irme o de preferencia, cuando ya deje de doler como si me estuviesen acuchillando.
Al final tuve que volver a hacer las entrevistas a nuevas secretarias, pero esta vez tomé el asunto en mis manos porque la vez pasada dejé que el director adjunto lo hiciera y todo terminó en un m@ldito desastre.
Sé que más del cincuenta porciento de la culpa la tengo yo, porque a cada persona que comienza a