XXI. Al fin estoy en el paraíso
Entro al cuarto y me asombro porque está completamente iluminado por velas, un olor embriagante y agradable a cítricos está en el ambiente y supongo que es desprendido por algún incienso o quizás por las velas aromáticas.
No soy mucho del rollo romántico y menos cuando vengo a los hoteles, voy a lo que voy y ya, pero debo admitir que me están gustando mucho todas sus iniciativas.
Miro hacia la cama de madera blanca, que es la pieza principal de la habitación y la encuentro recostada al clásico