Lombardi lo miró un segundo más y salió de la habitación.
Luca se quedó solo, temblando, su respiración agitada. La furia aún hervía en él. Quería salir tras él. Pero entonces miró a Amelia. Respiró hondo, forzándose a calmarse. No podía permitirse perder el control. No por ella. No podía transmitirle ninguna emoción negativa a Amy. Su recuperación dependía de la paz que él pudiera proyectar.
Se pasó una mano por el cabello. Él, que había tenido infinidad de mujeres, ¿con qué derecho juzgaba? L