Mundo de ficçãoIniciar sessãoLuca miró la carpeta y la caja sobre el escritorio de Lombardi. El peso de veinte años de secretos parecía materializarse en esos objetos. La idea de abrirlos allí, bajo la luz fluorescente indirecta de la oficina, se sintió como una profanación.
—Doctor... —dijo Luca, su voz apenas un susurro—. Si me lo permite... quisiera leer esto en la soledad de mi cuarto.Lombardi asintió comprensivamente. —Por supuesto, señor Bellini. Le pertenecen a usted. Amelia querría que así fuera. Tómese






