Pensé para mis adentros que, por grandes que fueran mis ojos, no se comparaban para nada con el tamaño de sus pechos.
A simple vista, calculé que debía tener una talla D.
Nunca antes había visto unos senos tan grandes y provocativos, ¿cómo no iba a abrir los ojos para mirarlos bien?
Además, fue ella quien salió sin ropa, así que, ¿por qué no iba a mirar?
Claro, todo esto solo lo pensaba en mi mente; jamás me atrevería a decirlo en un tono de voz alta.
—Óscar, pídele disculpas a la hermana Paula,