—De acuerdo, vamos pues a tu casa.
Ambos nos apresuramos a llegar a la casa de Luna.
Luna, ansiosa, intentaba desabrochar con torpeza mi correa.
Y justo en ese momento, para mi mala suerte, la correa se atascó y no había forma alguna de quitarlo.
Luna, mientras luchaba con el cinturón, de repente comenzó a desconsolada llorar.
—Luna, ¿por qué lloras? — le pregunté, confundido.
Luna, entre sollozos, le respondió: —Cada vez que estamos a punto de hacer el amor, siempre sucede algo que lo interrump