Luna me miró con una ternura infinita.
Luego, me tomó la cabeza y me plantó un beso apasionado.
—Óscar, de verdad encontrarte en esta vida ha sido lo mejor que me ha pasado. Ya puedo morir feliz.
Luna estaba tan conmovida que sus ojos se llenaron de lágrimas.
Yo también la besé con pasión mientras me vestía y le dije: —Lo mismo siento yo.
En poco tiempo, ya estaba vestido por completo.
—Espérame, vuelvo enseguida.
Luna adoptó una pose algo encantadora, como una princesa esperando a su caballero.