Luna de inmediato se puso muy nerviosa.
Le aterraba la idea de que su esposo descubriera que la noche anterior había dejado a un hombre desconocido quedarse en su casa.
—Yo... yo estoy bien. Cariño, mejor decidamos qué vamos a pedir de comer—, dijo apresurada Luna, cambiando de repente de tema con evidente nerviosismo.
Su intento de desviar la conversación me dejó en una situación sin salida.
Miré a mi cuñada con ojos suplicantes.
Ella, en respuesta, me animó un poco con la mirada, dándome a ent