No pude evitar reír por dentro. ¡Esta Sofía era demasiado ingenua! ¿De verdad creía que estaba al borde de la muerte?
Pero si ya le dije que no me tocó ningún hueso, que esto es una herida superficial. No me voy a morir tan fácil, por favor.
Aun así, decidí seguirle la corriente. Puse cara de sufrimiento y le dije con voz débil:
—Cuéntame una historia... pero que sea de un chico guapo y una chica hermosa, ¿sí por favor?
—Ah… eso…
—¿Qué pasa? ¿No quieres? Bueno, si no quieres hacerlo, está bien…