Sin perder más tiempo, mi cuñada tomó su celular y llamó directamente a su hermana menor, Alicia.
Alicia, quien llevaba días lidiando con los problemas que le causaba Zorath, apenas escuchó la propuesta de su hermana, respondió sin dudarlo:
—Hermanita, dile a tu hermano que venga a quedarse en este lugar.
Su voz sonaba llena de una ira incontrolable, y unos minutos más tarde, estalló en ira:
—Ese maldito de Zorath ya ni siquiera se molesta en ocultarlo. Anda por ahí haciendo lo que le da la gana