—Tu papá no se preocupa por mí, pero tú no dejas de hacerlo. —Alodia dijo con reproche.
María respondió con determinación: —Mi papá confía en ti, por eso no se preocupa, pero yo me ocupo de ti para evitar que hagas algo imprudente.
—¿Qué imprudente? ¿Temes que me coma a ese chico? ¡Tu madre todavía no está tan desesperada!
María, seria,contestó: —De todas formas, no se puede. Si te sientes mal, te doy un masaje.
—¿Sabes hacerlo?
—Claro, ¿acaso no sabes que soy médica?
—Entonces ya no me duele, v