—Estuve en el Refugio Montaña Esmeralda dos días, gasté dos mil dólares, ¿por qué no me lo va a reembolsar?
Aparté su mano, molesto, y le respondí con enojo: —¿El Refugio Montaña Esmeralda es una propiedad de tu amiga? ¿Por qué no le pides a ella que te lo dé gratis?
Frotándome la oreja con fuerza, sentí como si me la fuera a arrancar de tanto que me tiraba.
Esta mujer tenía una fuerza increíble.
No entendía cómo, siendo tan pequeña de senos, podía tener tanta fuerza.
Natalia cruzó los brazos so