—No. —Rechacé directamente la propuesta de Luna.
—Luna, solo soy un trabajador, además soy joven y no tengo logros importantes.
—Si voy a tu casa a pedir ayuda a tu padre, lo único que conseguiré es que él me mire con más desprecio. Y si eso ocurre, ni siquiera considerará que podamos estar juntos.
Por esta razón, tenía claro que no iría a casa de Luna.
Luna, tomándome de la mano, me intentó tranquilizar: —Entiendo lo que dices, pero tu seguridad está en peligro ahora mismo. Primero debes velar