— Óscar, ven conmigo un momento — me llamó el jefe Aquilino de manera que me hizo sentir algo intrigado.
Lo seguí obediente hasta su oficina.
Aquilino me ofreció atento una taza de café caliente y me indicó que me sentara, charlando con una actitud nada formal, sin el mínimo aire de superioridad de un jefe.
Con voz sincera, me dijo: —No sabía que, en tan pocos días, Manuel te había estado acosando de esa manera.
—Eres alguien que me recomendó el doctor Sebastián, y el no haberme dado cuenta de e