Patricia no pudo evitar suspirar y sacudir despreocupada la cabeza.
Sabía perfectamente que Viviana simplemente no quería hablar.
Pero si ella no quería decir nada, tampoco podía forzarla.
Así que ambas continuaron charlando sobre temas triviales, como belleza y cuidado personal.
Yo, por supuesto, no tenía nada que aportar a esa sencilla conversación.
Y, en realidad, tampoco me interesaba en lo absoluto.
Estaba demasiado concentrado en disfrutar el momento, masajeando la espalda perfecta de Vivi