Un sonoro ¡PAF! resonó en la habitación.
La bofetada de Viviana fue tan fuerte que me dejó la cara ardiendo al instante.
Me sentí a la vez agraviado y demasiado asustado.
Agravio, porque recibí el golpe en ese momento sin merecerlo.
Y miedo, porque, por suerte, fui yo quien lo recibió y no Paula.
Viviana no era una mujer cualquiera, pero Paula en realidad tampoco lo era.
Si Viviana realmente la hubiera golpeado, con el temperamento fuerte de Paula, esto no habría terminado aquí.
Aún con la cara