—¡Maldita sea, ese cabrón de Manuel! No tiene corazón alguno.
Nunca imaginé que usaría un truco tan bajo. Realmente me dejó sorprendido.
Mario dijo: —Deberíamos contarle esto al jefe Aquilino, yo puedo ser el testigo.
—Olvídalo. Esos tipos no me hicieron nada grave. Además, Aquilino no va a despedirlo solo por este pequeño inconveniente.
—No podemos permitir que Manuel se quede, si lo dejamos, solo va a incrementar aún más su ira contra ti.
—No quiero hacer algo inapropiado. Mejor lo dejamos par