Manuel jamás se imaginó que, a pesar de todo, terminaría saliendo perjudicado en su enfrentamiento conmigo.
Esto solo logró enfurecerlo cada vez más, y su resentimiento hacia mí creció aún más profundo.
En su mente, todo era culpa mía. Yo era el responsable de haberle —arrebatado— a la señora Elara.
¡Todo por mi culpa!
En silencio, Manuel juró entre si que no descansaría hasta hacerme la vida imposible.
Mientras tanto, la clase del señor Julen continuaba, pero Manuel, incapaz de contener su ira,