Viviana parpadeaba con sus grandes ojos brillantes, proyectando una falsa inocencia que no tenía nada que ver con la realidad.
Sin embargo, sus palabras me dejaron completamente desconcertado. Pensé: —¿Esta mujer está loca o qué? ¿Por qué siempre hace preguntas tan absurdas y complicadas?
Estaba convencido de que solo quería provocarme otra vez, así que respondí con gran impaciencia:
—Soy masajista, no un trabajador sexual masculino. Por favor, deja de hacerme este tipo de preguntas tan ridícula