—No es nada, — respondí apresurado, intentando ocultar mi nerviosismo.
María se levantó de inmediato, cruzando los brazos y lanzándome una mirada furiosa y penetrante: —Estás mintiendo. ¿Acaso estabas tratando de mirarme los senos hace tan solo un momento?
—¡Claro que no! — Negué rotundamente, sin dejar espacio a dudas.
Sin embargo, María, con su habitual picardía, se inclinó de forma intencionada frente a mí, dejando que su escote se abriera aún más y que sus pechos voluptuosos quedaran casi al