Al ver la expresión de María, sentí como si todas mis hermonas se comenzaran a alborotar de golper.
—El comer y el sexo son partes inherentes de las necesidades de nosotros como humanos.
Eso decía una vieja frase, y en ese momento entendí su verdad. Era algo que no podía controlar.
María, con sus ojos llenos de mucha picardía, lanzó una mirada directa hacia mi entrepierna y comentó: —Y ándale a mirar, ya estás erecto otra vez, ¿no?
—Entonces, ¿qué estás esperando? Ven de una vez.
Mientras hablab