—Me encanta también…
María hizo una pausa deliberada en su frase, acompañándola con una mirada algo extraña que fijó directo en mí.
Su expresión me hizo sentir incómodo. —¿Qué más te encanta? Si vas a decir algo, dilo de una vez. ¿Por qué me miras de esa forma tan rara?
De repente, María colocó su mano sobre mi muslo. El inesperado contacto me hizo dar un pequeño respingo.
Mi corazón se aceleró demasiado al punto de parecer que iba a salir de mi pecho, mientras mi mente quedó en blanco.
¿Qué dem