Quizás fue Eric quien movió los hilos detrás de todo esto.
No solo se encargó de que el hospital me despidiera, sino que también intentó manchar mi reputación. Su bajeza y vileza no tienen de verdad límite alguno.
Suspiré profundamente, tratando de mantener la calma, y le respondí a María:
—Piensa lo que quieras. Yo tengo la conciencia tranquila.
Sin añadir más al respecto, di media vuelta y seguí mi camino, sin prestarle más atención.
María tampoco se molestó en responder. Simplemente