No sentí ni un ápice de miedo.
Era joven, fuerte y en forma, mientras que Eric no era más que un simple hombre de mediana edad con el cuerpo descuidado.
Sabía que no tenía ninguna posibilidad contra mí.
Cuando se abalanzó sobre mí, lo recibí con un fuerte puñetazo en la cara.
El golpe fue certero, y Eric soltó un agudo grito de dolor mientras retrocedía, llevándose tembloroso las manos a la cara.
Lucía soltó un suspiro de alivio. Era evidente que estaba realmente preocupada por mí hace