Paula soltó una risa burlona y, sin darle importancia, dijo: —Si le diera diez veces más de valor a Eric, no se atrevería a hacer eso. Si se le ocurre tocarme un solo cabello, Vicente lo hará sufrir tanto que no podrá ni pedir ayuda.
—¿De verdad ese maldito no ha estado en tu casa? ¿Acaso no lo busqué bien antes? Déjame regresar y revisar un poco más.
—¿Quieres que te ayude?
—Claro, pero después de encontrarlo, vamos juntas a llevarlo al Padrón Municipal.
Lucía se puso al instante una ch