Mundo ficciónIniciar sesiónEl apartamento se había convertido en un laboratorio de identidades rotas. Catalina estaba allí, de pie en el centro de la alfombra, sintiendo el calor de los cuerpos de Cristian y Jonatan, pero su mente funcionaba como un engranaje oxidado que giraba en el vacío. No era que rechazara el amor; era que no tenía un lenguaje para procesarlo. La mansión Acero le había grabado a fuego una sola forma de existir ante el afecto: la sumisión. Para la pequeña Carolina, "amor" o atención significaba baj







