POV. Adrian
El avión aterrizó con un suave golpecito, y sentí el tirón familiar de la gravedad que me devolvía a la realidad. A mi lado, Amelia suspiró, un sonido suave y soñoliento. Se había quedado dormida con la cabeza en mi hombro, su pelo cayendo como un velo sobre mi pecho. La moví suavemente, y sus ojos parpadearon, abriéndose lentamente para revelar el color miel que tanto amaba.
—¿Ya llegamos? —preguntó, su voz era un murmullo ronco, lleno del sueño de las nubes.
—Ya llegamos, mi amor