Esa noche, mi habitación se volvió demasiado pequeña para todo lo que llevaba dentro. Las paredes parecían cerrarse a mi alrededor, incapaces de contener el peso de mis pensamientos.
Caminaba de un lado a otro sin rumbo, como si el simple acto de moverme pudiera ordenar el caos que me habitaba. Como si al desgastar el suelo bajo mis pies lograra desgastar también el miedo que me apretaba el pecho. Me sentaba en la cama solo para volver a ponerme de pie segundos después, incapaz de quedarme quie