Me quedé frente a la puerta como si cruzarla fuera un acto irreversible, como si ese simple gesto pudiera dividir mi vida en un antes y un después.
El despacho estaba en silencio, pero tenía la certeza de que él estaba ahí dentro. No era una intuición exagerada, era algo más simple y más incómodo: una tensión persistente en el pecho, como si mi cuerpo se negara a relajarse. Como si ya se hubiera acostumbrado a reaccionar ante su presencia incluso antes de verla.
Levanté la mano, dudé un instant