Adrian no se movió.
Y fue precisamente eso lo que más me descolocó.
Su cercanía ya era un hecho, una presencia imposible de ignorar, pero ahora había algo distinto flotando entre nosotros. El aire parecía más pesado, cargado de una expectativa silenciosa que me tensó por dentro. Sus ojos descendieron despacio, deteniéndose en mis labios, como si estuviera midiendo una distancia que solo él veía. Como si calculara cuánto tardaría en borrar el espacio que aún nos separaba.
Mi respiración se volvi