POV. Adrian
El universo se contrajo hasta ese único y terrible momento. La pistola en mi mano pesaba una tonelada, un bloque de acero frío que me ataba a un infierno nacido de la propia creación de Arthur. Los ojos de Amelia, llenos de un terror que yo había puesto allí, me quemaban. El gemido débil de Sylvie en el suelo era un reproche silencioso. Y la sonrisa de Arthur, esa sonrisa de un dios cruel jugando con sus muñecos, era la banda sonora de mi fracaso.
Apunté el arma, no a Arthur, sino a