PUNTO DE VISTA DE MARCOS
La llamada se cortó y me quedé mirando el teléfono exactamente dos segundos antes de ponerme en movimiento.
Agarré las llaves de la encimera de la cocina, comprobé que Mateo seguía durmiendo en su habitación.
Me temblaban las manos cuando arranqué el coche. La voz de Belén seguía reproduciéndose en mi cabeza, rota, arrastrada y tan desesperadamente triste.
«¿Por qué no fui suficiente?»
Conocía esa sensación. Dios, cómo la conocía.
Encontrar a Isabela en la cama con mi m