PUNTO DE VISTA DE VIVIENNE
Sabía que Rafael vendría. Solo era cuestión de cuándo.
Dos días después de recibir las noticias sobre Chicago, después de haber estrellado copas de vino y abofeteado a David y perdido lo que quedaba de mi compostura cuidadosamente construida, había vuelto a ser yo misma.
Me senté en mi estudio con la luz de la mañana entrando a raudales por las ventanas, una taza de té enfriándose en el escritorio a mi lado, esperando.
La llamada llegó a las nueve y media.
—Señora Bla