PUNTO DE VISTA DE RAFAEL
—Mírame.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire entre nosotros, afiladas y definitivas, y vi cómo el rostro de mi madre palidecía.
Lo decía en serio. Cada una de ellas.
Me giré para enfrentarla, necesitando que entendiera que esto no era un berrinche del que me recuperaría en unos días. Esto era permanente.
—Durante seis años he intentado entender por qué lo hiciste —dije, con la voz ahora más firme, más fría—. He puesto excusas por ti. Me he dicho a mí mismo que