PUNTO DE VISTA DE RAFAEL
Me desperté con la luz del sol entrando a raudales por las ventanas de mi habitación y todo mi cuerpo protestando ante el movimiento necesario para incorporarme.
Todo dolía. Mis costillas gritaban con cada respiración. Mi cabeza latía. El yeso en mi mano derecha parecía pesar mil kilos, y el cabestrillo que la mantenía elevada se clavaba incómodamente en mi hombro.
Logré sacar las piernas de la cama y sentarme en el borde del colchón un momento, intentando reunir la ene