— ¡Jorge, para de golpearlo! —Amanda lo sujetó firmemente del brazo.
— ¡Suéltame! —su voz era ronca y autoritaria, cargada de una ira contenida.
— ¡No te suelto! —respondió Amanda, con determinación—. Si quieres matarlo, tendrás que pasar sobre mí primero.
La firmeza de sus palabras hizo que Jorge se detuviera por un momento. La miró con el ceño fruncido, su respiración pesada, claramente luchando por mantener la calma. Finalmente, soltó un suspiro, bajó la mirada y se levantó.
Lucas, jadeando y