Amanda escuchó la explicación de Jorge y se quedó inmóvil. Su mano seguía frotando su cuello de manera mecánica, pero sus movimientos se hicieron cada vez más lentos. Levantó la mirada hacia Jorge, y sin darse cuenta, las lágrimas comenzaron a correr por su rostro.
— ¡Jorge, ¿en qué me estás convirtiendo?!
Su grito era agudo, lleno de rabia y de una profunda tristeza, y sus ojos ya estaban llenos de lágrimas.
— ¡Ahora no eres diferente de Lucas!
Estas palabras golpearon a Jorge como un balde de