85: Sin felicidad.
—¡Eduardo!...espera, ¡Eduardo!...por favor…no te vayas, ¡Por favor no me dejes! — gritó desperada intentando alcanzarlo.
Cayendo dolorosamente de la cama, el llanto de Mónica Cervantes se intensificó, y comenzando a arrastrarse sobre el suelo helado de aquella habitación, extendió su mano en un intento fallido de alcanzar la puerta…y a Eduardo. Llorando desesperadamente y sufriendo tanto dolor, la que una vez fue una cruel y orgullosa mujer, yacía sin sus piernas derrotada e infeliz en el suelo