8. Golpes injustos.
Decir que estaba realmente furiosa, era no dar crédito a lo que Mónica Cervantes estaba sintiendo en ese momento.
— ¿Cómo es posible que dudes de la palabra de mi esposa? ¡Esa maldita mujer hizo entrar esa serpiente a mi alcoba y aun así la estas defendiendo! ¡Exijo que la saques de nuestro hogar! ¡Ella no debe de estar aquí! —
Daniel se mantuvo completamente estoico, mientras su hermano le reprochaba.
— ¿Tienes pruebas de que lo que dices es verdad? — cuestionó tranquilo.
Mónica estalló. — ¡M