58: Burlas injustas.
La mano de Daniel Lancaster sujetó la estrecha cintura de Emma Borbón y la pego a su cuerpo con el recato propio de un caballero. Sintiendo su perfume, y deseando acariciar la aterciopelada piel de nieve de su prometida, aquel hombre se permitió soñar con aquella entrega íntima y la vida maravillosa bajo los secretos de sus sábanas de seda. Emma sintió aquel aroma amaderado que le recordaba al bosque salvaje…el mismo aroma que recordó de su salvador aquella noche entre la tormenta. Mirando a lo