22. Cruel mentira.

No dispuesta a tolerar semejante escena ridícula, Emma caminó con dirección al castillo subiendo la escalinata de piedra. Sonriendo, Mónica corrió tras ella para tomarla del brazo.

— ¡Lo lamento mucho Emma! ¡No quise ofenderte! De ver…

Y arrojándose sobre Emma, la castaña se pegó a ella y luego se dejó caer hacia atrás, dando la impresión de que la rubia la había empujado escaleras abajo.

— ¡Ahhh! —

El grito de Mónica resonó en todo el castillo, y pronto toda la servidumbre salió a ver lo ocurr
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