163: Añorando.
Emma sintió desesperación, y abriendo aquella puerta, corrió con todas sus fuerzas hacia los jardines y con dirección a la entrada de aquellas tierras. Había llovido, el fango manchaba sus pies descalzos y las lagrimas se le escapaban desde aquellos hermosos ojos de zafiro. Lo amaba, amaba tanto a Daniel Lancaster que sentía que el corazón se le estaba desgarrando en el pecho. Había sufrido su ausencia, había sufrido su traición, pero, aun así, en aquel momento tan solo deseaba alcanzarlo, abra