Capítulo 28.

Me aferro a Julian con todas mis fuerzas, abrazandolo por el cuello y arañando ligeramente su espalda. A pesar de que esto le debe resultar doloroso, Julian no se queja ni una sola vez, me permite seguir aferrándome a él de forma desesperada, mientras seguimos besándonos, y nuestros cuerpos están cada vez más cerca.

—Volviste a usar el vestido azul… —observa Julian con una sonrisa.

—Es tu favorito, además… Lo compré para ti —miento nuevamente con vergüenza.

No puedo estar segura si Julian cree
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