Las lámparas de araña brillaban como estrellas cautivas, esparciendo la luz por el inmenso salón de baile del Hotel Valencia Grand. Era una noche de champán carísimo, trajes impecables y risas elegantes. Cada invitado era un titán de los negocios o del poder, de esos cuyas sonrisas cuestan fortunas.
Mateo se ajustó los gemelos, una leve sonrisa burlona asomando a sus labios mientras se giraba hacia la mujer que estaba a su lado. —Esta noche —dijo con voz suave pero autoritaria—, no eres Emilia,